Federación de Empresas de la Rioja

En defensa del actual modelo económico y social

Me gustaría comenzar este artículo expresando mi gratitud personal a los miles de empresarios, autónomos y trabajadores riojanos que han demostrado con esfuerzo, sacrificio personal y ejemplaridad que la salud de las personas es prioritaria, dando un ejemplo admirable de solidaridad hacia  todos aquellos que luchan contra esta pandemia protegiendo a nuestros enfermos.

En contraposición a esta gran fuerza empresarial y laboral que tiene La Rioja y España, hemos escuchado últimamente voces de distintas procedencias, abogando por un cambio radical en nuestro modelo económico y social, atendiendo a la idea de que nada volverá a ser igual tras esta crisis sanitaria y económica y que, por tanto, deberá producirse una transformación radical.

Esta ideología de corte populista, de tanta influencia ahora, aboga por una economía dirigida, la nacionalización de empresas, es contraria a la colaboración público-privada y pone límites a la libertad de empresa. Esa libertad que afortunadamente hemos construido en los últimos 45 años, construyendo el estado del bienestar.

Se trata de una línea de pensamiento fracasado del que todavía quedan algunos resquicios autoritarios en el mundo, allí donde precisamente están las mayores bolsas de miseria y empobrecimiento para vergüenza del resto de las naciones.

Frente a ello, los empresarios y autónomos riojanos queremos dar un sí rotundo a nuestro modelo económico actual. Un modelo que nace en democracia, en un sistema político basado en la voluntad de las personas, que apoya la iniciativa privada y la libertad individual.

Que se fundamenta en las relaciones laborales, la colaboración público- privada y en el Diálogo Social. Que se edifica sobre la base del esfuerzo personal y  colectivo,   que ofrece sus productos y servicios a una sociedad  avanzada  y  próspera, a la vez  que solidaria e igualitaria  con las personas y colectivos más desfavorecidos.

Nuestro modelo basado en la industria, la construcción, el comercio y los servicios, se ha edificado gracias a sus empresas, autónomos y  trabajadores, ofreciendo respuestas rápidas y eficaces a la sociedad a la que sirve y retornando a ella parte de los recursos obtenidos. Empresas que observan con planificación el mercado y buscan oportunidades para crecer y para crear empleo. Este es nuestro modelo de desarrollo basado en sus sectores.

Y este modelo económico y social no se cambia por decreto. Se transforma y se adapta a las necesidades del mercado y de las personas. Se consolida con las demandas de una sociedad que observa nuevas necesidades y que avanza hacia nuevas formas de vida, de cultura, hacia nuevos valores sociales y nuevos fórmulas económicas. Y en esta transformación del modelo, la empresa y sus trabajadores son protagonistas principales.

En este momento de crisis terrorífica, que todos estamos padeciendo por el Covid-19, no nos podemos permitir el lujo de echar por tierra y destruir de un plumazo el modelo económico que nos ha dado progreso y bienestar a la sociedad. No podemos denigrar un modelo que ha generado millones de empleos para las familias.

Un modelo que ha creado productos y servicios de sectores tan avanzados y fundamentales, que lideran la actividad económica mundial y que son punteros, como nuestra industria de automoción, la industria de la construcción o la industria turística, entre otros. O que han producido calidad, servicio y atención en el comercio y en los servicios, con su gran contribución al PIB nacional.

Ejemplos de un modelo económico y social capaces de anticipar los tiempos, aprovechar las oportunidades y planificar el futuro junto a su capacitada fuerza laboral.

Todos estos sectores, -y otros más que podría citar-, han hecho avanzar  este modelo, mientras algunos se entretienen en despreciarlo desde diferentes estamentos, sin echar una mirada atrás para comprobar su gran contribución al país moderno que somos y estoy seguro de que seguiremos siendo.

Y esto ha sido posible gracias a la libertad de mercado, a la libertad de empresa, a la capacidad de saber elegir y transformarse. A la capacidad de liderar un mercado lleno de oportunidades, de posibilidades de negocio, de relaciones productivas.

Cada una de estas empresas, -muy bien asentadas en su sector productivo-, contribuye a ejercitarse con plena libertad y horizonte de miras en este modelo productivo y económico, que ha tenido sus principales  valores en la libertad, en la voluntad, la capacidad organizativa, la estructura profesional y en la concurrencia de la tecnología y de la investigación, sostenido por la enorme contribución profesional de su Capital Humano.

Un modelo capaz de generar una mano intensiva de obra en los peores momentos de una crisis como la pandemia actual que sufrimos, lo que nos lleva a mantenerlo y conservarlo a toda costa, como uno de los más preciados  patrimonios que tiene una sociedad como la nuestra.

Nuestro modelo económico y social no es el culpable de nada, ni se merece este desprecio por parte de quienes, aprovechando la coyuntura, quieren cargarse no solo el modelo sino el estado del bienestar. Las empresas, los empresarios, los trabajadores seguiremos teniendo un papel esencial en esta ardua tarea.

No lo dejemos en manos de la caduca ideología populista, que nos devolverá a los fantasmas del pasado.

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