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Un acuerdo necesario

José Luis Benítez, director general del Grupo Rioja. La Rioja, 14 de febrero de 2010

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Las negociaciones para alcanzar un acuerdo en el marco de la Interprofesional del Vino de Rioja que nos lleve al reequilibrio de nuestra Denominación, en el que Grupo Rioja lleva empeñado desde hace más de tres meses, me han hecho recordar un reciente artículo del Director de ABC en el que se planteaba que algo debía cambiar en nuestro país cuando lo que le decían muchos políticos en privado no coincidía con lo que manifestaban después en público. A nuestro nivel sectorial, está ocurriendo un poco lo mismo: algunos representantes de organizaciones y asociaciones -no desde luego la nuestra- vienen reiterando en conversaciones privadas la necesidad de lograr un acuerdo, y sin embargo, a la hora de apoyar el que pueda alcanzar una mayoría suficiente, parece que prefieren no comprometerse.
 
En este punto, conviene recordar que la Interprofesional es el instrumento del que libremente se ha dotado para su gestión el sector vitivinícola de Rioja, con los criterios de representatividad, sistemas de reparto de votos y de votación que ha decidido. Para formalizar un acuerdo hace falta una mayoría ¡del 75 % de los votos!, lo que implica el apoyo de muchas asociaciones comercializadoras y productoras.
 
¿Por qué creemos necesario un acuerdo? La respuesta a esta pregunta, viene en realidad de otra: ¿cuál es la situación de nuestro sector? Nos enfrentamos a una crisis del consumo sin precedentes en todos nuestros mercados. Esto se traduce en una significativa caída de las ventas (facturación) y de márgenes (rentabilidad) de las bodegas en la lucha por mantener cuotas de mercado, y lógicamente repercute en las cuentas de resultados y en las rentas disponibles, ¿acaso alguien pensaba que el golpe nos iba a pasar de refilón?
 
Son muchas las bodegas que están sufriendo estos problemas desde hace ya varios años, varias las compañías que ante las restricciones de crédito están teniendo serias complicaciones financieras, y muchos los accionistas que están apostando por sus negocios a largo plazo inyectando capital en estos momentos difíciles. 
 
El descenso de ventas tiene un tremendo impacto multiplicador (casi por cuatro) en el aumento de las existencias de las bodegas de criadores debido a los tiempos de envejecimiento de crianzas, reservas y grandes reservas, y esto lleva rápidamente a la disminución de la demanda de vino y uvas en origen.
 
Y lógicamente, esto repercute en los precios por el mero efecto de la elasticidad de la oferta y la demanda, al igual que pasará en sentido contrario cuando el consumo se vaya recuperando. Aún así, no ha sido hasta esta cosecha, pese a que las ventas de Rioja ya fueron planas en 2007 y muy negativas en 2008, cuando la caída de la demanda se ha reflejado en los precios. Cabe aquí recordar que durante los últimos diez años, el precio medio ha permitido la percepción de rentabilidades netas para el productor, superiores al 100%.
 
No tiene sentido generalizar a partir de ciertas operaciones, tal y como han como han venido manifestando públicamente algunas personas. Y los que se rasgan las vestiduras “en defensa de precios dignos” no hacen mención de otros -la gran mayoría- que están muy por encima de esas operaciones. Da la impresión que algunos quieren ponerse la venda antes de hacerse la herida.
 
Aunque algún corto de miras piense que esta situación es buena para las bodegas, nada más lejos de la realidad. El que vea un poco más allá de sus narices sabe que esto también significa depreciaciones de existencias, tensiones comerciales con los clientes, mala imagen…y en definitiva, situaciones nada positivas para nuestras marcas.
 
Y a partir de aquí se han multiplicado los mensajes confusos y equívocos, algunos en clave política, que han malinterpretado demagógicamente datos con el único fin de buscar algún tipo de rédito interno, y que solo sirven para dificultar el trabajo de la Interprofesional, dónde a mi juicio se debe producir el debate.
 
Las bodegas de la Denominación, han hecho formidables inversiones en activos fijos y en equipos comerciales en los últimos años; también el sector productor en la mejora de las estructuras y de la calidad. Todos estos esfuerzos han logrado la mejora de los vinos y el desarrollo y crecimiento de nuestra marca colectiva. Situaciones coyunturales no deben hacernos perder la visión estructural del medio y largo plazo que nos ha permitido llegar hasta aquí.
 
Si queremos estar bien colocados en la línea de salida para cuando el consumo repunte, no debemos bajar la guardia en promoción ni en las medidas que nos permitan seguir mejorando nuestra calidad y competitividad.
 
Al fin y al cabo, la teórica separación entre sectores no es tal: hay cooperativas que comercializan más vino embotellado que muchas bodegas; bodegas grandes y pequeñas que cultivan más viña que la mayoría de los agricultores; agricultores que producen y comercializan vino; y así, todo tipo de combinaciones. El interés es por tanto de todos.
 
Porque, que nadie se engañe, esto no es un asunto de bodegas contra viticultores: unos y otros somos una parte de la ecuación. La otra, nuestra razón de ser, son nuestros clientes y los consumidores finales.
 
El acuerdo que perseguimos puede ser de gran ayuda para reequilibrar la situación en un plazo más corto. Por ahora, como siempre, a seguir luchando en los mercados.
 
José Luis Benítez, director general del Grupo Rioja

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